La artesanía se está reinventando de la mano de jóvenes
creadores y diseñadores, así como de maestros artesanos, que con su frescura y
osadía, le están convirtiendo en un laboratorio de experiencias sensoriales,
emocionales y simbólicas para la explotación de nuevos imaginarios sociales.
El sector artesano se encuentra
inmerso en un mundo donde los valores culturales están sometidos a las leyes
del mercado, la propia supervivencia de este bien cultural depende de la
capacidad de organizarse adecuadamente como empresa en cuanto a su producción,
canales de comercialización y venta.
La mayor parte de los artesanos
latinoamericanos no están organizados como empresas legalmente constituidas y
comparten su actividad con otra ocupación remunerada, puede tratarse de tareas
del campo, o bien en el caso de las mujeres compartir esta actividad con las
labores de cuidado del hogar y los hijos. Todo ello lleva a una infravaloración
de la producción artesana.
La definición del sector artesano es un tema complejo ya que no existe
un criterio unificado sobre qué tipo de actividades económicas pueden
considerarse como artesanas. El concepto de artesanía ha evolucionado de forma
diversa a lo largo de la historia y ha adoptado diferentes acepciones. En la
actualidad, su definición sigue siendo heterogénea y se analizada desde
diferentes perspectivas.
La actividad económica artesana no es importante solo por sí misma, sino
por la conexión que tiene con otras actividades y sectores económicos. Incluir
el sector artesano dentro de las industrias culturales, denota la importancia
económica que puede tener su desarrollo para una región.
La artesanía, como parte de las industrias culturales, se ha convertido
en un factor importante a considerar en las economías modernas; ya que no solo
contribuyen con el crecimiento económico de los países, generando empleo e
ingresos para miles de familias, sino que también ayuda a transmitir y mantener
las raíces culturales e identidad de las naciones.
La artesanía está resurgiendo. Paralelamente al declive de la artesanía
folclórica, el universo del lujo, el movimiento DoItYourself y el mundo del
diseño están redescubriendo, cada uno desde diferentes perspectivas, los
valores emocionales, sensoriales y sociales
contenidos en el saber artesanal.
Porque la artesanía es, ante todo, diversidad.
Ello está provocando la diversificación de la demanda de artesanía en
diferentes mercados, cada uno de los cuales valoran un aspecto específico del
producto, utiliza un determinado canal comercial y requiere una estrategia de
comunicación diferenciada.
Además, muchos artesanos han replanteado su actividad desde una
perspectiva de animación sociocultural, bajo la forma de talleres de formación,
de divulgación y de ocio, así́ como con su implicación en mercadillos
temáticos, actividades cuya demanda no para de crecer. Pero esta alternativa,
obviamente, no resulta satisfactoria para aquellos artesanos más comprometidos
con actividades creativas.
Durante los últimos años, sin embargo, y a la par que se vulgarizaba el
mercado de artesanía popular, ha ido resurgiendo un creciente interés por el
concepto de artesanía entre nuevos grupos de consumidores más cualificados y
vanguardistas, lo que hace presagiar una nueva etapa de crecimiento para esta
actividad. Pero el tipo de productos que demandan se aleja bastante de la
oferta actualmente existente en el mercado de artesanía popular.
Esto significa
que el concepto de artesanía está cambiando, observándose varias tendencias de
evolución claramente diferenciadas, cada una de las cuales requiere unas
estrategias de producto, promoción y comercialización específicas.
En la actualidad, la industria
cultural es un sector incipiente en Colombia. El desarrollo limitado de las
industrias culturales en el país, no significa de modo alguno, dar la espalda a
una actividad productiva, más bien debe ser un espacio para actuar
oportunamente planeando su desarrollo y crecimiento
Objetivos de la charla:
·Conceptualizar el termino artesanía
·Conceptualizar el termino industria cultural
·Analizar los procesos de transformación del
producto artesanal
El pasado viernes 11 de septiembre se llevó a cabo en la
ciudad de Tunja la premiación de la tercera Bienal Artesanal de Boyacá.
Dentro del marco de estas actividades se realizaron tres
conferencias de expertos en el área artesanal:
·Planes,
programas y proyectos hacia la autonomía artesanal, desarrollada por la
Phd. Silvana Navarro Hoyos, Asesora, investigadora y Docente, especializada en
el área artesanal y la gestión cultural.
·Intervención
diseño en la artesanía, desarrollada por el D.I. Ricardo Durán, Coordinador
de concursos de Artesanías de Colombia
·Gestión
del patrimonio inmaterial, desarrollada por la arquitecta, magister en
historia, coordinadora del grupo de investigación en patrimonio y memoria PAME
de la Universidad de Boyacá
En las actividades participaron más de 150 artesanos del
departamento, recibiendo formación específica en estas áreas.
Los ganadores de las cuatro categorías de la bienal fueron:
·César
Bonilla de Tinjacá en Artesano Tradicional.
·Crearcoop
de Guacamayas en Comunidad Artesanal.
·Liliana
Martín Bolaños de Tunja en Joven Artesano.
·Freddy
Giovanni Molina Amado en Artesano Contemporáneo.
Las actividades de este evento fueron organizadas por la Secretaría de Productividad, TIC y Gestión
del conocimiento de la gobernación de Boyacá, así mismo se sumaron a esta
iniciativa las siguientes entidades: Artesanías de Colombia, Alcaldía de Tunja,
Artesanías de Boyacá, Universidad de Boyacá y el Fondo Mixto de Cultura de
Boyacá.
He de desatacar el fabuloso trabajo desarrollado por el
programa Artesanías de Boyacá, así como
el de todos los especialistas que hacen parte de él, sin los cuales no hubiese
sido posible el desarrollo de este evento.
Sin duda la Bienal Artesanal de Boyacá, pretende sumar
fuerzas para el empoderamiento de los artesanos de la región y busca su exaltación
y reconocimiento. Se trata de una experiencia que debe ser replicada en otras
regiones del país.
El próximo
17 de septiembre de las 8:30 a.m. a la 1:00 p.m. se realizará el
evento TEDx Universidad Piloto 2015 bajo el
tema "Creatividad Positiva".
El
evento TEDx Universidad Piloto, se propone como un espacio orientado
a crear, desarrollar, aplicar, construir y difundir conocimiento, para dar
respuesta a problemáticas tecnológicas, económicas, sociales y ambientales,
promoviendo los desarrollos académicos y científicos, en contextos nacionales e
internacionales.
En su
edición 2015 tendré el placer de ser uno de los ponentes con el tema "Artesanía e Industria
cultural"
La
participación es totalmente gratuita, pero es necesario registrarse como
asistente, podras realizar tu inscripción en el siguiente link:
En la América precolombina, no existían las fronteras
políticas que hoy conocemos, por lo cual los pueblos estuvieron estrechamente
unidos entre sí en el tiempo y en la tradición cultural, y las migraciones
indígenas dejaron una profunda huella en la evolución de los pueblos. Al mismo tiempo, el aprovechamiento de la
exuberante naturaleza se tradujo en una avanzada agricultura y en el uso de
importantes recursos naturales al servicio de una organización política y
social que llegaría a convertirse en algunas ocasiones, en verdaderas formas
estatales.
Los tejidos andinos poseen rasgos similares, que
pueden ser entendidos por el intenso comercio que existió entre los diferentes
grupos indígenas: entre ellos fue notorio el intercambio de tejidos e
innovaciones técnicas. La importancia
del tejido no solo se fundamentó en la necesidad de cubrir el cuerpo dando
identidad a cada ser, sino para delimitar espacios como en techos, paredes,
puertas y pisos, para envolver los muertos, para denotar rango, como moneda,
premio, tributo, ofrenda, dote matrimonial y como trueque.
Tejeduría
Artesanal
Se considera tejeduría a los procesos artesanales o
industriales para producir telas tejidas a partir de hilos.
Algunas de las técnicas de tejeduría más comunes son:
•Tejeduría en
Telar
•Tejeduría de
punto o Tejidos (tejido de punto)
•Tejido en crochet
•Tejido en dos
agujas
A continuación descubriremos algunas de las características
de estas técnicas.
Tejeduría en
telar
Es el oficio donde se obtiene telas formadas, mediante
el cruzamiento y enlace de 2 series de hilos: unas longitudinales y las otras
transversales
La serie longitudinal de hilos recibe el nombre de Urdimbre y cada uno de ellos elementos se
denomina Hilo. La serie transversal recibe el nombre de Trama y cada una de sus unidades se
denomina Pasada.
Tejeduría en
telar Horizontal
Es el oficio en el que, mediante el manejo de hilos
flexibles de diferentes calibres, a través del entrecruzamiento ordenado,
sencillo o combinado, con una trama y una urdimbre, se obtienen piezas de
diferentes clases según los materiales de los hilos. El entrecruzamiento de los
hilos sigue un determinado ordenamiento, desde la disposición más sencilla en
cruz (tafetán), hasta cubrir una gran
gama de combinaciones mediante las que se obtienen ligamentos y efectos de
color. Tafetán es el ligamento más equilibrado tiene la misma cantidad de tomos
y dejos.
Tejeduría en
telar Vertical
Esta tejeduría
se realiza en un telar vertical el cual consiste en un bastidor o marco que mantiene
tensos y paralelos un grupo de hilos dispuestos en forma vertical llamados urdimbre,
los cuales serán entrecruzados por una serie de pasadas horizontales denominada
trama, esta trama puede formar un ligamento llamado tafetán o puede ser una
serie de nudos que une las urdimbres.
Tejeduría de
punto o Tejidos (tejido de punto)
Es el entrecruzamiento o anudado de uno o más hilos o
fibras realizadas directamente a mano o con agujas. Dentro de este oficio se
encuentran las técnicas de crochet, dos agujas, macramé, entre otros.
Tejido en
crochet
Es el tejido de punto que se realiza con una trama que
se anuda por medio de una aguja o gachillo.
Tejido en
dos agujas
Es el tejido fe punto por urdimbre que se forma
realizando columnas de puntos por medio de dos agujas o estambres.
Cestería
artesanal
Es un oficio artesanal clasificado dentro de la
tejeduría. La utilización de materiales
flexibles bien sea dispuestos a lo largo, por torcido o trenzado, o en
superficie, planos o con forma para envolver, contener o vestir son parte de
sus características principales. La
cestería utiliza elementos lo bastante firmes para ser ensamblados a mano,
planos (esteras) o más frecuentemente con forma (recipientes). Es un trabajo
que consiste en la elaboración de objetos mediante la disposición ordenada y
estructurada de materiales vegetales duros y/o semiduros como el bejuco, cañas,
hojas, tallos, cortezas. Todos estos materiales
son sometidos previamente a procesos de adecuación, especialmente para su
conversión en tiras y/o varillas que se aplican según la clase de objetos por
elaborar.
La mayor parte del equipo de trabajo está representado
por herramientas manuales, como cuchillos, ripiadores, raspadores, punzones,
pinzas, agujas y/o punzones similares. Los productos que generalmente se
elaboran componen la gama de cestos y sus derivados (canastos, petacas,
balayes, cedazos), esteras, esterillas. (Artesanias de Colombia 2010)
Se conocen testimonios, gracias a excelentes
condiciones de conservación que se remontan al neolítico. La cestería se caracteriza por su gran
dispersión y fijeza en el tiempo del modo de construcción, entrecruzamiento o
de enrollamiento de las hebras. Se trata
de un proceso de convergencia técnica: sin que ninguno de los procesos de
montaje imponga un material determinado y habiendo adquirido las herramientas
desde hace milenios (dedos agiles y un pequeño punzón), los modos de trenzado
adoptados están en relación con las cualidades requeridas por cada utilización
(robustez o ligereza, pared cerrada o calada, mallas estirables o fijas, etc.). (Bonte y Izard
1996)
Se puede decir que la cestería es una actividad
presente en todas partes, por lo tanto, solamente en el seno de una sociedad
pueden ser apreciadas la dispersión y las modalidades de transmisión de
conocimiento técnico, al mismo tiempo que la importancia social y económica de
esta actividad.
La cestería se trabaja a partir de tiras o fibras de
origen vegetal (hojas, ramas, cortezas, raíces, troncos) y también de origen
animal (piles, pelos, tripas, etc.) y hoy en día son utilizadas también
materias primas sintéticas (plásticos, aleaciones metálicas, etc.)
Existen cuatro técnicas básicas de cestería:
Técnica de
espiral: consiste en unir los anillos
de una espiral unos con otros, comenzando por el centro y avanzando punto a
punto a lo largo de dos o más anillos.
Técnica de
entrecruzado: consiste en el
entrecruzamiento de dos series de elementos flexibles, donde cada serie es
pasada por debajo y por encima de la otra.
Técnica del
torcido: se tuercen dos o más hilos
entre los elementos que acompañan la urdimbre.
Técnica de
canasto: donde uno o más hilos se
entrecruzan por encima y por debajo de una serie de elementos rígidos que
permanecen inactivos.
Aunque estas son las principales técnicas de cestería,
existen otras filiales como el trenzado o el cordado. Algunas técnicas de cestería sobretodo el
entrecruzamiento asemejan tejer, pues en ambas se trata de crear objetos
entretejiendo fibras transversalmente unas a otras. A la cestería inclusive se
le puede aplicar algún vocabulario de la tejeduría como tejer, punto, urdimbre
o trama. Pero existe una diferencia clave, la tejeduría requiere de telares y
lanzaderas, mientras que en la cestería basta con un cuchillo, una aguja, un
recipiente con agua y las hábiles manos del artesano.
La cestería engloba a todo objeto cerrado o abierto,
grande o pequeño, tradicional o moderno, etnográfico o artístico, sin
distinciones de valor.
Tejeduría en territorio Colombiano
Colombia esta considerada, en el ámbito mundial, como
un país muy rico en recursos naturales.
El tejido de diversidad de fibras fue factor importante que modificó la
existencia de las poblaciones, siendo utilizadas primero las más duras y sin
procesar para la cestería. Más tarde, el
tejido consiguió su refinamiento con fibras hiladas con el algodón, el fique y
otras de tallo u hoja. En una etapa
posterior llegaron a jugar un papel importante las fibras animales como la
alpaca y otros camélidos donde se enriqueció
el tejido con la mezcla de los colores naturales de la lana, cafés,
habanos y amarillos.
Con las plantas tintóreas y la química intuitiva, se
fue dando más color a las fibras, a la vez que se hizo más refinado y completo
el tejido. Es en el antiguo Perú donde se encuentra mayor tecnología y eficiencia
ligada a la estética, mediante el decorado de cada pieza tejida individualmente
con un fin y función especifica.
Urdimbre y trama, los dos elementos básicos que forman
la tela, eran manejados hábilmente sosteniendo las fibras en un marco de madera
formado básicamente por cuatro varas unidas en un ángulo recto. Se utilizaban algunas veces en posición
vertical apoyado en un muro, otras horizontal a nivel del piso y otras, oblicuo
como el caso del telar de cintura.
Estos telares ayudados por otros elementos igualmente
simples como varas separadoras,
golpeadores, o varas de lisos, dieron como resultado la mayor gama de técnicas
encontradas en los más antiguos pueblos tejedores en el mundo.
Nuestros antepasados no tejieron metraje para
confeccionar, sino que, cada pieza salía del telar, terminada en su totalidad;
este factor fue característica general en todo el contienen americano.
En las piezas tejidas, se encuentran diferencias no
solo en su forma, sino en su función y más tarde en su contenido expresivo y simbólico,
por lo cual es posible analizar, mediante un profundo estudio de sus
contenidos, las variantes de cada cultura.
Para estudiar el tejido, se pueden establecer tres
grupos:
Prendas de vestir: compuesto por mantas,
ruanas, pantalones, fajas y sombreros entre otros.
Enseres: como la hamaca, la cobija, la
alfombra, esteras, mochilas y canastos.
Aperos: compuesto por los aperos,
alforjas o redes de pescar.
En Colombia son diversas las regiones donde se han
encontrado vestigios de tejidos. La principal
zona textil del país se encuentra al sur de Nariño habitada por los pastos;
Siguiendo hacia el norte, aparece la cultura Quimbaya en los departamentos del
Viejo Caldas y sur de Antioquia; hacia el oriente la zona Muisca y Guane que
comprende los territorios de Cundinamarca, Boyacá y Santander. Por último, al
norte la zona Sinú en los departamentos
de Córdoba y Sucre. Sin embargo, son
relativamente pocos los textiles que han llegado a los museos o colecciones
particulares.
La humedad del suelo ha sido uno de los factores que
ha impedido la conservación de los tejidos en Colombia. Sin embargo muchas de
estas técnicas ancestrales se han transmitido de generación en generación y sobreviven
hasta nuestros días.
La evidencia de estas zonas como pueblos tejedores está
dada por los hallazgos de mantas y fragmentos de variados tejidos hechos en
telar, a mano, o con aguja.
En las zonas muiscas y guane, debido a la sequedad del
suelo, se han podido recuperar mantas, gorros, monteras, fajas o fragmentos de
las mismas. Estos objetos han sido admirados por la compleja estructura de sus
tejidos y por la habilidad de los
pintores de mantas para utilizar pinturas espesas aplicadas con gran precisión.
La calidad de los hilos y de las piezas textiles
encontrados en las regiones de Cundinamarca, Boyacá y Santander evidencia que
el algodón ocupo un lugar destacado en las sociedades precolombinas. Otra de
las fibras importantes entre los tejidos Muisca y Guane es el fique, planta
originaria de América tropical, que ha estado ligada con la vida campesina
colombiana.
Al contrario del algodón, el fique no estuvo relacionado
al uso personal, pero si a la elaboración de productos que todavía hoy perduran
como cordelería, aperos y gran variedad de mochilas. Una tercera fibra utilizada fue el cabello
humano, hilado para la manufactura de admirables gorros hechos con tejido de
aguja.
En la zona del sur de Nariño, los tejidos fueron
encontrados en enterramientos profundos y sus técnicas son bien distintas a las
realizadas por los diferentes pueblos indígenas que habitaron Colombia. La mayoría de los textiles hallados en el altiplano
nariñense proceden de la región de Miraflores y el Cuntum.
El viernes 12 y sábado 13 se
celebró en Barcelona el coloquio Crisis cultural y cambio artístico, organizado
por el Comité Sociología de la Cultura y de las Artes, FES (Federación Española
de Sociología) y el grupo de investigación CECUPS (UB) dirigido por Arturo
Rodríguez Morató (UB).
El encuentro acogió a la
creciente comunidad de sociólog@s de la cultura y de las artes que se encuentran
en las universidades españolas. La sede de la SGAE Catalunya y el Arts Santa
Mònica en Barcelona fue un espacio de discusión sobre teoría, prácticas de
consumo, identidad y territorio, dinámicas de categorización, profesiones y
mercados artísticos, prácticas en el mundo online y offline, política cultural
y movimientos sociales. La vitalidad y la riqueza de las comunicaciones
presentadas en los grupos de trabajo hicieron posible la alta calidad y
originalidad del encuentro.
La conferencias de apertura y de
clausura, a cargo de Alain Quemin (Paris-VIII) y de Antonio Ariño (UdV),
construyeron un marco teórico de reflexión sobre las transformaciones del
mercado artístico contemporáneo por un lado, y de los movimientos open de
producción cultural por otro. Las mesas redondas de la tarde nos dieron la
oportunidad para mostrar cómo la sociología de la cultura y de las artes
mantiene la conexión con los problemas e
instituciones de nuestra sociedad. En la mesa del viernes "Apocalípticos
vs integrados: ¿cómo puede la sociología comprender las dispares funciones
sociales de las adhesiones estéticas?" moderada por Juan Antonio Roche
(UA), y con Luis Enrique Alonso (UAM), Ana Martínez Barreiro (UA Coruña),
Carles Freixa (UdL) y Dafne Muntanyola (UAB) se habló de superar las dicotomías
del sentido común y de la necesidad de reflexionar teórica y empíricamente
sobre pautas, prácticas y discursos presentes en los medios de comunicación,
las instituciones políticas y culturales, y en las prácticas cotidianas. La
mesa del sábado, que tuvo lugar en el Arts Santa Mònica “El giro digital:
Creatividad y nuevas tecnologías en las prácticas artísticas y culturales
actuales”, moderada por Arturo R. Morató (UB), contó con Amparo Lasén (UCM),
Arturo Rubio Arostegui (U. Nebrija) y Roger Martínez Sanmartí (UOC). Planteó
cómo la revolución digital está cambiando la definición de atributos como la
creatividad, la interactividad o la identidad. Se recordó cómo desde la
sociología se puede evitar el determinismo tecnológico y dar cuenta de viejas y
nuevas prácticas artísticas y culturales con la descubierta de nuevos marcos de
producción, distribución y consumo.
El coloquio también abrió un
espacio para el tema artesanal, con la ponencia “Diseño y Artesanía: Criterios
de intervención para la innovación y conservación del patrimonio” desarrollado
por la Dra. Silvana Navarro Hoyos, en la cual se reflexionó sobre los criterios
de intervención de profesionales externos en la innovación de productos o
procesos artesanales con el fin de mejorar la comercialización y el impacto de
estas intervenciones en el patrimonio artesanal iberoamericano.
El coloquio cumplió con el doble
objetivo de ofrecer un panorama de la producción en sociología de la cultura y
de las artes en España, y de impulsar una nueva etapa del comité de sociología
de la cultura y de las artes de la FES.
En
la actualidad existe una alternativa tanto para la promoción, valoración de
mercado y mejora de las condiciones de vida de los artesanos, se trata del
mercado solidario, justo o equitativo.
El
concepto de comercio justo se aplica generalmente a las operaciones comerciales
que potencian la posición económica de los pequeños productores y propietarios
con el fin de garantizar que no queden marginados de la economía mundial.
Apunta principalmente a los países en desarrollo, consta de dos elementos
principales: El primero es garantizar que los productores, incluidos los trabajadores,
tengan una participación adecuada del beneficio total; y el otro elemento
es mejorar las condiciones sociales de
los trabajadores en los casos en que no existen estructuras desarrolladas de
servicios sociales y representación laboral.
El
comercio justo apareció en Europa en 1969, a través de una tienda que se abrió
en Holanda. Desde entonces esta tendencia ha ido creciendo y actualmente en
toda Europa se contabilizan un total de 3.000 tiendas que pertenecen a
diferentes asociaciones que potencian el comercio justo. Con todos estos puntos
de venta, el comercio justo se constituye como un negocio y también según datos
de la EFTA (Asociación Europea de Comercio Justo) en el año 2.000 la
facturación de todas esas tiendas alcanzó los 370 millones de euros y ha dado
trabajo a 500.000 artesanos y trabajadores del Sur. Al margen de las tiendas
específicas los productos de comercio justo se pueden encontrar en 70.000
establecimientos de toda Europa.
En
España la incidencia de tiendas dedicadas al Comercio Justo no se inicia hasta
1986 con iniciativas como Traperos de Emaús, en el País Vasco, o la Cooperativa
Sandino, actualmente IDEAS, en Andalucía. Actualmente un total de 31
organizaciones abastecen a las 40 tiendas especializadas, así como a otros
establecimientos como hipermercados. También el comercio justo en España ha ido
incorporando adeptos y las cifras del año 2000 sitúan el volumen de facturación
en más de 6 millones de euros, junto a la aportación de 1.500 voluntarios y un
centenar de profesionales que se movilizan por el comercio justo y solidario.
En
las tiendas dedicadas íntegramente al comercio justo y en los establecimientos
que reservan un espacio a estos productos, podemos encontrar textiles de la
India, Bangladesh o Kenia, artesanía india, de Nepal, de Bangladesh,
Thailandia, Filipinas, Perú o Uganda, y diferentes elementos decorativos para
el hogar, instrumentos musicales, juguetes tradicionales y artesanía en piel
otros tantos países latinoamericanos, africanos y asiáticos.
Para
el caso colombiano no existen experiencias en comercio justo artesanal, aunque
se han adelantado negociaciones en el área de productos alimenticios. En países como Ecuador, Bolivia o Perú, se ha
trabajado por más de 10 años en esta área y sus productos cuentan con un
posicionamiento y un reconocimiento en estos mercados, los productos ofrecidos
por estas organizaciones son sobretodo artesanías tradicionales, sin gran
diferenciación de sus competidores en un mercado globalizado, elementos con
bajo desarrollo técnico, ricos en colorido y con precios que oscilan entre 4 y
50 euros. De forma generalizada no existe promoción de una marca, sino de un
producto genérico, no se utilizan canales tradicionales de publicidad, se
promociona voz a voz, por internet y almacenes especializados; y utilizan
aliados estratégicos para la logística y la promoción.
Como
ya hemos mencionado la comercialización de productos artesanales en mercados
justos en Colombia es incipiente, sin embargo se puede resaltar el trabajo de
las comunidades como los tejedores Wayúu, los joyeros de Mompox, la comunidad
tejedora Kankuama y Arahuacos de la Sierra Nevada, los ceramistas de La Chamba,
o los talladores de carbón de la Jagua de Ibirico, entre otras, que están
conformando pequeñas asociaciones o cooperativas manejando el concepto de
comercio justo, desarrollando productos alternativos de carácter orgánico y
artesanal; sin embargo todos estos grupos están en proceso de conformación de
estas asociaciones y están comenzando a explorar el mercado de los consumidores
conscientes, pero se puede decir que ninguno de ellos lo ha conquistado porque
todavía se necesita trabajar en una conciencia muy fuerte entre consumidores y
productores de este tipo de productos. Estos grupos se podrían convertir en
aliados estratégicos para iniciar las campañas de sensibilización que
generarían más participación de los consumidores en la compra de este tipo de
productos es decir generarían el desarrollo de los clientes conscientes.
También
hay que destacar los trabajos desarrollados por la Corporación Red de Artesanos
de la Costa Atlántica que agrupa a 27 organizaciones artesanales con 1.057
familias asociadas. Es una entidad sin
ánimo de lucro, que entrelaza organizaciones artesanales de la costa norte
colombiana para buscar alternativas integrales y conjuntas mediante programas
de capacitación, producción y promoción empresarial, tienen un amplio
portafolio de productos, posicionamiento a nivel nacional y comercialización on
line.
Con
la misma dinámica de trabajo se encuentra la corporación red de artesanos de la
Orinoquia “Corpeorinoquia”, nace
jurídicamente el 6 de Octubre del 2006 con 7 asociaciones de 7 municipios en el Departamento de Casanare, organizada
por artesanos productores empresarios de
la Región Orinoquense.
Estas
organizaciones se convierten en los primeros ejemplos colombianos que pueden
llegar a tener una comercialización internacional con énfasis en comercio
justo.
Se
considera competencia a nivel de posicionamiento de marca de artesanías
colombianas, empresas comercializadoras como Artesanías de Colombia S.A.,
Salvarte, Artesanías el Zipa y Galería Cano; estas empresas son netamente
comercializadoras de productos tanto de artesanía indígena, tradicional y
contemporánea y en ningún caso son productoras.
Tienen
un posicionamiento en la mente de los consumidores en Colombia, como
comercializadoras, y adicionalmente los consumidores pueden llegar a confundir
el apoyo que estas empresas brindan a las comunidades con el concepto de
comercio justo; el cual está muy lejos de la realidad. Aunque estas empresas
apoyan a los artesanos y a su crecimiento económico, los márgenes que recibe el
artesano por la venta de sus productos es relativamente bajo en comparación con
lo que podría recibir utilizando el concepto de comercio justo en forma
individual; estas empresas colocan un margen de utilidades sobre la artesanía
superior al 60 % e incluso ganan hasta el 100 % de utilidades pero estas no son
percibidas por la comunidad.
Estas
empresas comercializan productos artesanales de diferentes comunidades
colombianas, agrupando un portafolio de productos amplio donde manejan diseños,
técnicas, materiales y líneas de producto; ya tienen una experiencia en
comercialización y tienen una participación importante en el mercado.
La
artesanía colombiana tiene gran aceptación por parte de sus compradores en el
mundo, debido a la variedad de artículos, al dominio de materiales y técnicas
únicos, y a que es portadora de una mezcla de elementos precolombinos,
españoles, nativos y afroamericanos.
Los
productos se comercializan a través de 58 subpartidas arancelarias, y gozan de
preferencias arancelarias totales para el ingreso a los mercados de Estados
Unidos, la Unión Europea, Venezuela y Ecuador.
El
principal destino de las exportaciones de artesanías colombianas es Estados
Unidos, país hacia el cual se dirigió 52.6%.
En
consumo de Artesanías, la Unión Europea constituye el mercado más importante
del mundo; está valuado en € 10.8 billones y la demanda está creciendo, en el
2004 el crecimiento fue de 4.3 %. Alemania es el primer país consumidor e
importador con 23.4% del consumo total (en especial de productos cerámicos) y
20.4% de las importaciones totales de la UE-25 en 2004. Luego sigue Reino Unido
(16.4% del consumo total y 13.9% de las importaciones), Francia (14.2% del
consumo y 11.6% de las importaciones) e Italia (12.1% del consumo y 9.2% de las
importaciones).
Los
países asiáticos son subcontratados para la producción en serie y masiva de
artículos de regalo a bajo costo; las artesanías latinoamericanas como
artículos de regalo y decorativos, se presentan como productos originales,
diferenciados, únicos “hechos a mano”, lo que actualmente se ha convertido en una
moda para la decoración del hogar europeo y se valora por su presencia
artesanal.
La
diferenciación, se constituye en el factor más influyente en el impulso de
compra de los artículos artesanales y es medido en función de su poca
disponibilidad o la concepción de que son únicos, llamados por eso “artículos
hard-to-find”. La mayor parte de los objetos provenientes del mercado artesanal
utilizan la creatividad como medio de desarrollo y hacen parte de la expresión
natural de la necesidad y el deseo del hombre de mostrarse como ser individual.
En
el momento de comprar, también se tiene en cuenta la conveniencia, es decir, la
manera en que se acopla a los gustos del cliente y el grado de satisfacción que
brinda a sus necesidades.
El
hecho de que un artículo sea hecho a mano, constituye un incentivo para los
consumidores únicamente si satisface sus exigencias en cuanto a calidad y
precio, especialmente si se tiene en cuenta que la mayoría de los consumidores
basan su argumento de compra en obtener un buen valor por su dinero. En caso
contrario, será más probable que se incline por los artículos producidos en
serie, que le ofrecen la calidad de la producción hecha con máquina, precios
reducidos y un diseño que parece hecho a mano.
En
cuanto a lo relacionado con el comercio justo podemos decir que es un mercado
pequeño pero significativo, representando un 0.01% del comercio mundial. Las
artesanías representan entre un 18 y un 60% del total de compras de algunos
mercados de comercio justo dependiendo el país. A nivel mundial, las ventas por
comercio justo totalizan US$400 millones cada año. En América del Norte, las
ventas al por menor por comercio justo totalizaron US$35-40 millones en
1998. Los negocios de comercio justo retornan
de 1/3 a un 1/4 de las ganancias a los productores en países en
desarrollo.
En
definitiva de manera generalizada podemos observar que la introducción del
comercio justo trae grandes impactos positivos en lo económico, social y
ambiental. Su potencial es de establecer
circuitos económicos solidarios.
El
comercio justo ataca los factores económicos de la pobreza de los pobladores
rurales y urbanos, materializándose en el incremento del patrimonio colectivo.
Hace posible la organización artesanal, no solo en lo referente a lo gremial,
sino al sistema de proveeduría y
distribución por lo cual se reduce al máximo la cadena de valor
producción- transformación – distribución – consumo, lo que garantiza un ahorro
económico, energético y la disminución del impacto ambiental.
Con
la aparición del comercio justo, aparece también para el comprador, el rostro
hasta ahora oculto, del artesano, por la cual el producto se humaniza, y se
reconoce el beneficio reciproco entre productores – distribuidores –
consumidores, haciendo una oferta más armónica.
En
los últimos años la importancia del sector artesanal en Colombia ha cobrado
protagonismo al convertirse en fuente de trabajo no solo de un sector
tradicional sino, atrayendo a nuevos grupos y comunidades de diversa índole que
buscan mejorar sus condiciones de vida.
El
impacto socioeconómico de esta actividad se ve claramente reflejado en cifras
estadísticas que hoy son tenidas en cuenta por los organismos que manejan los
indicadores económicos. Así se estima que el porcentaje de participación del
sector artesanal en el PIB de Colombia, equivale al 0.004%, una producción
realizada por 350.000 artesanos y de cuyo producto viven un millón de personas más.
Se
han desarrollado numerosos programas por parte del gobierno central y entidades
internacionales para fomentar, rescatar y recuperar las tradiciones artesanales,
estos programas tienen una tendencia marcada a la economía como eje de
desarrollo. La estrategia más sobresaliente es la realizada por Artesanías de
Colombia, (empresa de economía mixta, adscrita al Ministerio de Comercio
Industria y Turismo. Contribuye al progreso del sector artesanal mediante el
mejoramiento tecnológico, la investigación, el desarrollo de productos y la
capacitación del recurso humano, impulsando la comercialización de artesanías
colombianas) (Nuestra empresa, Artesanías de
Colombia S.A. 2010).
Las evaluaciones de los programas desarrollados en el sector arrojan
resultados importantes desde el punto de vista de mejoramiento de las
condiciones de vida de los artesanos, en relación con el acceso a la educación,
vivienda y salud.
Aunque
se ve una mejora en este respecto, para el público en general existe un real
desconocimiento sobre los oficios, materias primas tradicionales, transmisión
de conocimientos y características culturales de la producción artesanal.
La
actividad artesanal es considerada una actividad creativa que tiene implícito
el crecimiento afectivo y emocional, donde hay respeto por el entorno y por el
producto elaborado. La UNESCO reconoce a
las artesanías como una de las formas que asume la cultura tradicional y popular
para representarse el conjunto de creación de comunidad cultural. Reconoce además que se fundan en la tradición
y que son expresión de su identidad cultural y social. (Organizacion
de las Naciones Unidas para la educación, la Ciencia y la Cultura 1989)
El
producto artesanal es por tanto al mismo tiempo patrimonio Tangible e
intangible y de esta forma pude asociarse al desarrollo desde su aportación
económica como su aportación al capital humano.
Vemos que desde el estado se promueven políticas publicas alrededor del
fomento empresarial y protección del patrimonio cultural de la artesanía, que
desde la creación del ministerio de cultura se ha tratado de descentralizar los
procesos a fin de que los beneficios estén más alcance de la comunidad
artesanal, que como hemos visto están en su mayor parte en el área rural
generando mayores niveles de participación ciudadana.
Pese al fomento por parte de entidades
gubernamentales, privadas, y leyes en lo
referente al contexto artesanal colombiano, esta comunidad se encuentra
segregada y mayoritariamente con altos índices de pobreza, además con la incursión
de productos artesanales en los mercados
nacionales e internacionales se ha incrementado la probabilidad de perdida de
la identidad cultural que los caracteriza al desarrollar productos de acuerdo a
la demanda y no a la tradición.
Los artesanos siguen sin tener representación
ante el gobierno, excluyéndose en muchos casos de proceso de participación y
además tienen grandes dificultades de acceso a capital. Toda esta problemática hace que sus
posibilidades de desarrollo sean limitadas.
La resolución de esta dinámica se dará con la mejora de procesos de implementación,
concertación y codecisión que mejoren la participación de los artesanos en pro
del mejoramiento de los niveles de vida de este colectivo y el resguardo
cultural de su producción material.
Contemplar
al desarrollo en términos de la expansión de libertades sustantivas, permite
dirigir la atención hacia los fines que hacen importante el desarrollo, en
lugar de mirar sólo hacia algunos de esos medios que, junto con otros, juegan
un papel destacado en el proceso. (Sen 2000)
Dentro
de estos términos es claro que no se puede hablar de desarrollo solo en
términos económicos. No quiero decir que haya que restarle importancia al valor
de cambio del producto artesanal y del beneficio obtenido tanto para los
artesanos como para sus distribuidores y compradores. Hay que tener una visión más
amplia que tenga en cuenta el concepto de “capital humano” en donde el desarrollo de las cualidades
humanas, la conservación de los elementos culturales de la artesanía serán el
motor del crecimiento.
La
artesanía tiene un gran potencial como recurso para el empleo y debidamente
organizada la producción, puede solucionar problemas sociales y económicos. La producción
artesana puede entrar a competir en mercados más amplios generando a su vez un
aumento del ingreso nacional.
La
artesanía además al nacer del seno de las culturas, ha sido fuente de
soluciones para muchos grupos y comunidades, como un medio importante para
generar y orientar una fuerza social vital.
Es
necesario pensar en cómo fortalecer las instituciones, ya que es a partir de
ellas que se realiza la promoción artesanal a un nivel de “industria artesana”,
conectar al artesano con los proyectos, el gobierno, las políticas etc.
(interconectar), para esto es necesario pensar en estructuras no solo socioeconómicas
sino culturales.
Es
vital considerar que es a partir del núcleo social y del fortalecimiento a la
cultura que se puede lograr una verdadera promoción de la artesanía y que en
este proceso es clave la educación.
El sector artesano se encuentra
inmerso en un mundo donde los valores culturales están sometidos a las leyes
del mercado, la propia supervivencia de este bien cultural depende de la
capacidad de organizarse adecuadamente como empresa en cuanto a su producción,
canales de comercialización y venta.
La mayor parte de los artesanos latinoamericanos
no están organizados como empresas legalmente constituidas y comparten su
actividad con otra ocupación remunerada, puede tratarse de tareas del campo, o
bien en el caso de las mujeres compartir esta actividad con las labores de
cuidado del hogar y los hijos. Todo ello lleva a una infravaloración de la
producción artesana.
Por otro lado encontramos que el
gobierno trata a los artesanos como cualquier otra industria de cualquier
sector, sin tener en cuenta las características diferenciales que reviste el
sector artesano.
La artesanía es una actividad
económico-cultural, por lo cual es importante comenzar por definir claramente
el término.
La artesanía, como producto folclórico, ha conformado rasgos distintivos
de nuestra identidad, como individuos y como colectivo. Este proceso está
determinado por el medio ambiente y la realidad cultural, social y económica de
cada zona. Las creencias, artes, valores, prácticas y tradiciones que se
transmiten de generación en generación, sugieren una memoria que vive el
presente a la vez que ponen en valor las experiencias ancestrales en la
cotidianidad de su quehacer.
La artesanía se puede concebir desde tres dimensiones:
El artesano: como creador y constructor de cultura.
La actividad artesanal: como proceso en el que se aplican técnicas
y prácticas artesanales tradicionales y contemporáneas, y como proceso
productivo que provee de medios de vida al artesano.
El producto artesanía: expresión de identidad y de la cultura
autóctona nacional, regional y local.
En referencia al sector artesanal estos tres componentes no pueden
separase, se hallan interrelacionados los unos con otros y son la fuente de
valor como producto folclórico.
La definición del sector artesano es un tema complejo ya que no existe
un criterio unificado sobre qué tipo de actividades económicas pueden
considerarse como artesanas. El concepto de artesanía ha evolucionado de forma
diversa a lo largo de la historia y ha adoptado diferentes acepciones. En la
actualidad, su definición sigue siendo heterogénea y se analizada desde
diferentes perspectivas.
A nivel internacional, la Organización de las Naciones Unidas para la
Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), define la artesanía de la
siguiente manera:
“Los
productos artesanales son los producidos por artesanos, ya sea totalmente a
mano, o con la ayuda de herramientas manuales o incluso de medios mecánicos,
siempre que la contribución manual directa del artesano siga siendo el
componente más importante del producto acabado. Se producen sin limitación por
lo que refiere a la cantidad y utilizando materias primas procedentes de
recursos sostenibles. La naturaleza especial de los productos artesanales se
basa en sus características distintivas, que pueden ser utilitarias, estéticas,
artísticas, creativas, vinculadas a la cultura, decorativas, funcionales,
tradicionales, simbólicas y significativas religiosa y socialmente”. (1997)
Esta definición bastante amplia, no hace diferencia alguna entre las
categorías artesanales y, sin embargo enfatiza la preponderancia del trabajo
hecho a mano y los diferentes usos que puede llegar a tener un producto. Todo
lo contrario sucede con el legado “tradicional”, lo cual permite entrever la
característica de transformación y adaptación que tiene el producto artesanal,
pero sin comprometerse en ninguna afirmación. De acuerdo a esta definición todo
producto elaborado en su mayor parte a mano puede ser considerado como producto
artesanal.
En Colombia se acepta la definición, proporcionada por Artesanías de
Colombia S.A.:
“Actividad
de transformación para la producción creativa de objetos finales e
individualizados (productos específicos) que cumplan una función utilitaria y
tienden a adquirir el carácter de obras de arte; actividad que se realiza a
través de la estructura funcional e imprescindible de los oficios y sus líneas
de producción, que se llevan a cabo en pequeños talleres con baja división
social del trabajo y el predominio de la aplicación de la energía humana,
física y mental, generalmente completada con herramientas y máquinas
relativamente simples; actividad que es condicionada por el medio geográfico,
que constituye la principal fuente de materias primas, y por el desarrollo
histórico del marco sociocultural donde se desarrolla y al cual contribuye a
caracterizar”.
Los oficios artesanales se constituyen a partir de especializaciones
dentro de estructuras funcionales del saber. De esta manera se objetualiza el
conocimiento, al transformar un determinado género de recursos materiales
(materias primas), mediante la aplicación de unos procedimientos e instrumentos
específicos que permiten la obtención de unos bienes.
Esta visión ofrece dos elementos fundamentales. El primero, la
importancia que adquiere el oficio y su especialización como forma de división
del trabajo. Y el segundo, la necesidad de elevar a obra de arte el objeto, con
el fin de que el producto sea más apreciado y mejor pagado tanto en mercados
nacionales como internacionales.
La artesanía en Colombia puede ser considerada como expresión material
de su cultura donde lo indígena, lo afro y lo europeo, se mezclan y funden sin
una división clara de donde empieza o termina la una o la otra. De esta forma
cada producto aunque conserve rasgos particulares de la comunidad productora,
se ve influido bien sea en sus técnicas, materiales, usos o significados por
otras expresiones culturales.
De la misma manera, cuando se analiza la artesanía, debe tenerse en
cuenta la introducción de productos dentro de un mercado. Este hecho, provoca
que el artículo se vea influenciado por aspectos culturales y económicos, tanto
nacionales como internacionales.
Consecuentemente se puede afirmar, que la artesanía parte de los
productos “tradicionales” (que incluyen sus técnicas, materiales, morfologías,
usos o significados). Pero que, a su vez, adopta elementos ajenos a la
tradición provenientes de grupos externos al productor como una evolución
propia de la identidad de individuos y colectivos inmersos en un mundo globalizado.
Concluyendo, por artesanía se entiende, la producción de objetos
materiales locales que se introducen en dinámicas de mercado de compra venta.
En estas prevalece la producción manual, el uso de materias primas naturales,
el empleo de técnicas transmitidas por tradición junto a otras formas de
creación. En este sentido, se incluyen elementos artísticos, estéticos,
culturales, morfológicos, de uso y significado a las que está expuesto el
artesano productor, bien sea por tradición o evolución. Todas ellas pueden ser
consideradas como una expresión de identidad y de cultura autóctona nacional y
se ven influidas tanto por el desarrollo histórico, geográfico y marco
sociocultural donde se producen, como, por elementos ajenos a la tradición
provenientes de grupos externos al productor.
Esta definición propia, fruto del análisis de diversos documentos,
servirá de base para entender la producción artesanal y la artesanía, como
manifestaciones presentes en la industria cultural.
Para concebir el producto artesanal como producto folclórico, las
sociedades dejan atrás los limites cerrados de la cultura de la élite, para
contener también los testimonios de la memoria de la comunidad. Un recuerdo
dinámico que además de conservar los valores heredados, suma nuevos a partir de
cambios, transformaciones y sustituciones que su dinámica le ha permito
conocer.
Así, el patrimonio cultural de una nación está compuesto por los
productos de la cultura popular que incluyen los bienes materiales y
simbólicos, elaborados por los grupos subalternos (García Canclini, 1999). No
sólo abarca los bienes materiales, sino que también involucra a los elementos
naturales, culturales, materiales y/o inmateriales del pasado o del presente en
los cuales se reconoce un determinado grupo social.
Las artesanías evidencian ese proceso de construcción social del
patrimonio como desarrollo productivo y tecnológico asociado a las prácticas de
la vida cotidiana.
En el siguiente gráfico se puede observar algunas de las características
más sobresalientes de la artesanía como elemento cultural.
La UNESCO define a la artesanía como una de las formas que asume la
cultura tradicional y popular para representar el conjunto de creación de una
comunidad cultural. Además, reconoce que se funda en la tradición y es una
expresión de su identidad cultural y social.[1]
Por otro lado, los conservacionistas del patrimonio promueven acciones
para preservar lo que ellos consideran la esencia de un producto artesanal,
estableciendo unos valores y categorías de lo que “es tradicional”. Los
mercantilistas por su parte, consideran al patrimonio como recurso renovable
cuyo valor depende de los requerimientos del mercado, a cuya satisfacción está
orientada casi exclusivamente la explotación del mismo y promueven
intervenciones de corte comercial destinadas a satisfacer tales demandas.
La artesanía se debate entre inmutabilidad (condicionada por las formas de
producción, materias primas, técnicas y conocimientos heredados y/o aprendidos
del artesano) y su adaptación a las supuestas necesidades del mercado y
vivencias de sus productores.
Consecuentemente en la artesanía se observa una dinámica que articula tradición
y modernidad, un espacio único de creación, en donde el artesano está
continuamente expresando lo que encuentra en su cotidianidad, un proceso tan
cambiante como lo vivido. Efectivamente, la artesanía no es un producto
estático, está en continuo cambio de la misma forma en que lo hace la cultura,
adaptándose y configurándose a nuevas realidades.
Es claro que la artesanía está relacionada directamente con la identidad
y constituye una pieza fundamental del desarrollo de la creatividad. Con la artesanía
nos integramos a las llamadas industrias culturales como vía de acceso a la
modernidad en una plataforma funcional de productividad.
[1]Recomendación sobre la salvaguardia de la cultura tradicional y popular.
Paris, 15 de noviembre de 1989. 25° Conferencia General de la Organización de
las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura.