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martes, 2 de diciembre de 2014

DISEÑO Y ARTESANÍA, LÍMITES DE LA INTERVENCIÓN

Existen otros temas, que requieren reflexión en torno a la artesanía latinoamericana, en cuanto que los cambios desarrollados por la globalización se traducen en modificación de los bienes culturales estimulados por tendencias del consumo y moda.  Es en este contexto que aparece la figura del diseñador como mediador entre los dos mundos.

En el mundo de la producción artesanal se producen apropiaciones en ambas direcciones desde la artesanía al mundo del diseño y desde el diseño al mundo de la artesanía. Las tendencias impuestas condicionan al mismo tiempo a productores y consumidores, entrando en un círculo del cual es difícil salir, pero en el cual es notable la colaboración.

Pareciera que no exista conflictos entre innovación y creatividad como caminos para el desarrollo, pero para el caso de la artesanía este discurso se ve influenciado por la notaria introducción de cambios en la producción a fin de optimizarla y serializarla.  En muchas ocasiones el matrimonio entre diseñadores y artesanos da como resultado que el artesano se transforme en un manufacturero a pedido.  Se libera el uso de las técnicas, diseños y símbolos en busca del visto bueno favorecedor del mercado.  Nuevas generaciones de diseñadores se acercan al sector artesanal encontrando posibilidades de desempeño, dirigiendo a los artesanos para sus propios objetivos.  Como resultado el objeto artesanal pierde identidad homogeneizándose por tendencias del mercado. 

Pero en muchas ocasiones para que el objeto artesanal sobreviva comercialmente es necesario la introducción de innovaciones, y su producción seriada, hace que el artesano se convierta en diseñador.  Así vemos que diseñador y artesano en un mundo globalizado tienen un enlace permanente y de auto complemento.

La articulación entre lo tradicional y lo  moderno  se encontrará en el balance del trabajo mutuo.
La cuestión ética en el diseño ha sido debate en los últimos años.  ¿Qué tanto debe intervenir el diseño en los productos artesanales? es la base de la polémica.  De acuerdo al ICSID (Consejo Internacional para las Sociedades e Industrias del Diseño, en su sigla en español) en su código de ética profesional artículo IV afirma:

“Los diseñadores gráficos e industriales reconocen que los ambientes, objetos y servicios creados como resultado de los procesos ayudan a definir la identidad cultural de su nación y sociedad territorial.  Los diseñadores se esforzaran por incluir y llevar más allá las tradiciones culturales de sus pueblos o ciudades incluyendo sus mejores tradiciones, principios y normas.”[1]

Las dinámicas del mercado actual obligan al diseñador a crear productos que deben cubrir un sinnúmero de necesidades, muchas veces superfluas, se trata de un mercado de consumo globalizado donde la cultura o los rasgos de identidad cultural de un producto se desvanecen en pro de aumentar las ganancias de una empresa o grupo determinado y en algunos casos de la búsqueda del reconocimiento internacional del mismo diseñador.

En cuanto a la comercialización de productos artesanales (además de su división tradicional de índole más cultural que comercial en productos en el ámbito latinoamericano, artesanía indígena, tradicional y contemporánea), observamos una clasificación de acuerdo al nicho de mercado al cual quieren acceder.

En el siguiente cuadro veremos un resumen de dicha clasificación, las características de los productos, sus productores, y el nivel de intervención que puede llegar a tener el profesional de diseño.

Tabla 1. Mercado de artesanía y niveles de intervención propuestos para el diseño.[2]




Cuanto más subimos en dirección al nicho de mercado, mayor es el valor cultural de los productos y menor el uso de elementos de mecanización de la producción, y la intervención del diseño industrial debe ser menor.

Lo propuesto en las líneas anteriores hace referencia al comportamiento ético de la intervención del diseño dentro de los procesos artesanales, aunque en algunos casos esto no es tenido en cuenta, y las características de identidad cultural del producto se ven amenazadas.

Llegamos a una cuestión de gran polémica, los productos artesanales deben seguir fabricándose, conservando sus formas y características tradicionales o por el contrario se deben transformar en busca de la satisfacción de necesidades del mercado a fin de alcanzar una mejora económica para los grupos artesanales, al ser los artesanos perteneciente a los estratos económicos de rentas más bajas en Latinoamérica.

No pretendo dar la solución a esta problemática, ni tomar partido sobre mercado o tradición, solo exponer un punto de vista que lleve a la reflexión y de esta forma por una parte concientizar al diseñador sobre su papel de intervención y por otro lado a los comparadores o consumidores sobre la cobertura de sus necesidades con productos artesanales.


[1] ICSID, Código de Ética profesional, 2001
[2] Cuadro propio basado en Eduardo Barroso Neto, Diseño y artesanía: límites de intervención, Brasil, 1999, Revista GDM

miércoles, 26 de noviembre de 2014

DEL OBJETO TRADICIONAL A LA ARTESANÍA, EL PASO POR EL COMERCIO

Cuando hablamos de un producto artesanal, ya estamos introduciendo a la producción material tradicional en el mundo del comercio y la globalización.  Sin comercio, no habría artesanía, ni peticiones por parte de un consumidor para realizar cambios.  Sin embargo la artesanía se convierte en una estrategia económica para el mejoramiento de condiciones de vida de sectores menos favorecidos, que en el caso de Latinoamérica asciende a veinticinco millones de artesanos.

La globalización, a través de la aceleración de los intercambios de bienes y servicios de todo tipo a escala mundial, facilita la comunicación y la manifestación de múltiples expresiones culturales, pero al mismo tiempo, comprende dinámicas altamente homogenizadoras.

La concentración de ciertos actores de los mercados culturales (promovidos por factores económicos, comerciales y de marketing), es ya una realidad en la mayoría de los países y constituye un obstáculo a la difusión y proyección de las variadas culturas iberoamericanas, en perdida de la diversidad cultural y de su promoción.

“La diversidad cultural, además de ser reconocida y valorada debe  ser reconocida y valorada, debe poder expresarse en todos los ámbitos en condiciones de igualdad, libertad, y dignidad.  Los derechos culturales, la igualdad de oportunidades y las políticas de inclusión están inevitablemente vinculados al fortalecimiento de la diversidad cultural”[1]         
   
La artesanía se ha introducido dentro de la dinámica de mercados con una marcada utilización libre e indiscriminada de los elementos culturales, vemos como la producción seriada y descontextualizada de copias de artefactos y objetos producidos por las poblaciones tradicionales, ya alejados de sus referencias culturales originarias todo para dar satisfacción al mercado de las masas, y ahora con gran auge mezclados en el mercado de la moda.

La producción tradicional de artesanías de Latinoamérica debe competir  con aquellos elaborados masivamente en oriente, es así como elementos cargados de identidad  se enfrentan a otros con producciones más eficientes o bien desarrolladas de forma más utilitaria de acuerdo a las demandas del mercado.  Esto genera una competencia desigual en los precios del mercado y disminuye el valor que el producto artesanal representa cultural, social y económicamente.

Algunos sectores productivos han logrado organizarse consolidando pequeñas organizaciones gremiales, cooperativas o microempresas.[2]  Esta forma de agrupación ha logrado mejorar en muchos casos la calidad de vida de los artesanos y les ha llevado programas gubernamentales o no gubernamentales para el mejoramiento de sus procesos de producción.

Así vemos una doble problemática, una en la cual la transferencia  tecnológica y la innovación  no han afectado las raíces culturales, y otra en la cual la producción artesanal tradicional ve afectada sus medios de producción.

Los artesanos no cuentan con organizaciones eficientes, que logren poner en valor su labor productiva.

La artesanía indígena ocupa un espacio importante en la producción artesanal latinoamericana, se enfrentan continuamente a la perdida de los valores tradicionales y de cosmovisión como resultado de “políticas etnocidas” y por la introducción de  nuevos tránsitos y lecturas en los cuales el arte se ha ido desdibujando cuanto mas se ingresa en el mundo de los objetos de consumo.
El arte indígena intenta integrarse y participar del mundo moderno sin perder sus raíces, pero lo hace en medio de una contemporaneidad que muchas veces lo obliga a olvidar su pasado.  El artesano se ve abrumado por los mensajes mediáticos consumen y se apropian de información que se ve reflejada finalmente en sus productos.

Gráfico  1. Mochilas de la comunidad Wayúu, la Guajira, Colombia



Se ven dos vertientes claras una que apunta a un conservacionismo de la cultura, que lleva a una situación más bien utópica y que intenta mantener intacto el objeto etnográfico, que esté solo sea utilizado en su contexto y función original apartándolo de la comercialización externa y por ende de la oportunidad que la artesanía tiene de mejoramiento económico para el productor, sin duda es la artesanía una de las formas que tiene una comunidad para mantener su identidad étnica, pero ¿qué oportunidades tendrían entonces de tener unas mejores condiciones de vida? Esta es solo una de las preguntas que genera esta posición.  Por otro lado tenemos la situación en la cual la artesanía se apropia de elementos externos y los traduce en rasgos propios de su cultura, aquí la artesanía como elemento material de una cultura se ve tan abierta al cambio como esta.  El novedoso proceso pluricultural al que se enfrentan las comunidades hace que poco a poco la cultura cambie y la artesanía al ser producto de una cultura, se modifica con ella. En esta situación surge la pregunta, ¿cambiara tanto la cultura para producir cambios radicales en la simbología del producto artesanal tradicional?

En todos los casos es inminente la aparición de un discurso homogenizador, en donde el precio, uniformidad y consumo llevan a la artesanía y al artesano a una posición inestable con el pretexto de una “Sociedad global”, basada en la “integración forzada” y no en la inclusión de los excluidos.
Es importante poner sobre la mesa que cada cultura recorre los caminos de acuerdo con su propia historia.

Lo anterior nos lleva a reflexionar cuales son los niveles de intervención que deben tener los productos artesanales, intentando mantener un balanza entre conservación cultural e introducción en la dinámica de mercado.

[1] Declaración de Santo Domingo, La diversidad cultural iberoamericana y el comercio internacional de bienes y servicios culturales. VI Conferencia Iberoamericana de Cultura, OEI 2002
[2] En Colombia la organización gremial de artesanos se encuentra solo en el 17% de la población de acuerdo al Censo Económico Nacional del Sector Artesanal.  Artesanías de Colombia S.A. 1998